Cómo protegernos de la contaminación electromagnética en nuestro hogar?

Lo que hoy conocemos por contaminación electromagnética (electrosmog) se inició en 1882, cuando empezaron a instalarse las primeras estaciones de producción y distribución de electricidad. Hasta entonces, el único campo electromagnético existente era el de la Tierra, el Sol y el producido por las tormentas con aparato eléctrico.  

La contaminación electromagnética puede ser causante de problemas de salud que no tienen explicación. La mayor parte de ellos remiten y desaparecen al poco de dejar de estar expuestos a esta radiación.

 Los diferentes tipos de radiaciones artificiales que nos podemos encontrar son: 

Las producidas por la emisión de campos electromagnéticos de alta frecuencia procedentes de teléfonos inalámbricos DECT, redes informáticas WiFi, las antenas de telecomunicaciones y los propios teléfonos móviles, entre otros.

 Los campos eléctricos y magnéticos alternos de baja frecuencia generadas por el propio cableado eléctrico de nuestro hogar, los electrodomésticos que conectamos y transformadores y líneas eléctricas.

Y los generados por campos eléctricos contínuos (electroestática) y campos magnéticos continuos (magnetostática)

La mayoría de la población desarrolla su actividad diaria recibiendo constantemente radiaciones electromagnéticas y cuando llega a casa la invasión radioeléctrica no cesa.

¿Duerme mal por las noches? ¿Se despierta con frecuencia? ¿Padece insomio, nerviosismo, estrés, palpitaciones o pérdida de memoria? ¿Se levanta por la mañana más cansado que cuando se acostó o con dolores de cabeza? ¿Dolor de oído, vértigo o mareos? La respuesta afirmativa a alguna de estas preguntas puede hacer sospechar que está usted sufriendo la contaminación radioeléctrica, que puede ser debida a que tiene cerca de la cama una lámpara, un radio-reloj, a la incidencia de campos eléctricos presentes en las paredes, o a radiaciones de alta frecuencia procedentes de routers WiFi, teléfonos inalámbricos DECT, antenas de telefonía móvil, radiodifusión, redes WiMax, radares, etc., que inducen constantes radiaciones en el cuerpo de las personas, alterando determinadas funciones biológicas y neuronales.

El estrés electromagnético afecta al sistema inmune, al crecimiento celular, a la formación de tumores, al desarrollo fetal, al sistema nervioso central y al cerebro.  A menudo nos llegan noticias sobre los peligros de la salud de quienes viven en la proximidad de líneas de alta tensión, transformadores o antenas de telecomunicaciones, especialmente de antenas de telefonía móvil, pero son pocos los datos referentes a la contaminación electromagnética producida dentro de nuestra vivienda por los teléfonos inalámbricos DECT y las redes WiFi nuestros o de nuestros vecinos, o la contaminación eléctrica y magnética del propio cableado y los electrodomésticos o transformadores.

Cabe señalar que cada individuo posee un particular grado de sensibilidad a la contaminación electromagnética, lo que explica que algunas personas sufran los trastornos descritos, mientras que otras no acusan molestia alguna.